
Orange decidió lanzar al mercado a principios de año un modelo rompedor. No en cuanto a tecnología, ni tampoco en diseño o funcionalidad, sino en precio: por casi 50€ un reloj con teclado completo QWERTY, pantalla táctil y, lo más importante: conectividad Wi-Fi. Hay muy pocos modelos -por no decir ninguno- en el mercado a ese precio y que incorporen WiFi.
Aparentemente por ése precio (49 € concretamente en prepago, ya que en postpago cuesta aún más barato: 29 €) cualquiera se podría esperar un teléfono móvil en alto grado mal hecho, pero no es así. Tanto su construcción como las aplicaciones que incorpora es más que digno. Entonces, ¿en qué han abaratado para lanzarlo a ese precio? Lógicamente, nadie regala nada, y si algo es barato es porque tiene algún punto flojo. Lo primero es su fabricante: es la firma francesa Alcatel, pero en realidad casi podríamos llamarla "firma china", ya que todo procede de allí. Eso ha hecho que el precio se abarate en gran manera, ya que lo han fabricado de la forma más barata posible y con los trabajadores más baratos que han encontrado. También es barato por su sistema operativo, nada de Android o Symbian: es un sistema propietario que cumple raspado su funcionalidad. Y tampoco el hardware puede decirse que sea de lo mejor, ya que tiene lo mínimo para que pueda funcionar, y gracias. Pero, aún así, el teléfono está realmente bien, las aplicaciones (Java incluídas) van holgadas, tanto la cámara como la radio o Wi-Fi van rápidas (incluso mucho mejores que en teléfonos más caros), así que puede decirse que, por lo general, y teniendo en cuenta el precio que tiene, es un teléfono muy competitivo.